Antes incluso de presentar su desfile, Simone Bellotti elegía inaugurar su etapa en Jil Sander desde otro lugar. Su primer acto como director creativo fue una pieza audiovisual rodada en Hamburgo, la ciudad donde Jil Sander fundó su marca en 1968. Un regreso, en su forma más literal, al origen geográfico y simbólico. Un perfecto prólogo a lo que estaba por venir.
La película, acompañada por el proyecto de música techno Bochum Welt (Gianluigi Di Costanzo), proponía una secuencia de imágenes depuradas y centradas en la atmósfera: atardeceres sobre el agua, estaciones de metro revestidas de azulejos, grúas recortadas contra el cielo, y figuras que caminaban etéreas y naturales. La banda sonora, titulada Wanderlust, fue compuesta específicamente para este inicio de era, y editada en un EP en vinilo disponible en boutiques seleccionadas de la maison. Simone marcaba así su intención de alinear Jil Sander con un nivel de relevancia cultural.
Para su primer desfile en Jil Sander, Simone Bellotti volvía también al origen: volver a la sede de la casa en Milán, en Piazza Castello, con el castillo Sforza al otro lado de las ventanas casi como un elemento más del espacio. El lugar constaba de una pasarela negra cortando a través de un espacio blanco. Así, el desfile trabajaba el concepto de la decantación de elementos, elementos que compartían espacio pero de forma independiente.
La colección Jil Sander Spring/Summer 2026 se construía así desde un estudio de los elementos más básicos. En conjunto, las piezas generaban aspectos esculturales, estudiando cuidadosamente la interacción entre formas, colores y tejidos. Dominaban jerseys de cuello caja en azul klein y ultramar, camisas de cortes severos y faldas lápiz en colores puros. Cada pieza tenía una función específica, acentuando distintas partes de la anatomía y buscando un cierto aire de sensualidad dentro de la pureza visual. Algunas faldas se abrían en cortes diagonales, otros jerséis parecen deliberadamente encogidos y algunas chaquetas ciñen la cintura y bajan el hombro con un control suave.
Pero falta un detalle clave que marcaría las sensaciones del desfile: el retorno de Guinevere Van Seenus. Musa original de la casa en los 90, Guinevere encajaba en una jugada maestra de vuelta al origen. Una vuelta al Jil Sander más referenciado y vanguardista. Guinevere Van Seenus abría así el desfile, volviendo a las pasarelas después de definir la estética de su era. Paralelamente, asomaba una sutil pero importante conversación con el arte contemporáneo: cortes similares al trabajo de Lucio Fontana y el poder silencioso del azul Klein.
En accesorios, Bellotti introduce el Pivot y el Linea bags, continuaciones de siluetas conocidas pero reinterpretadas para esta nueva era de la casa. En resumen, dentro de una temporada marcada por el “boom” mediático, Simone Bellotti trajo a Jil Sander otro tipo de intensidad: un minimalismo verdaderamente contemporáneo.