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El color de la temporada: ¿qué es el azul Klein?

El color de la temporada es sin duda el azul. Loewe, Celine, Jil Sander, Prada, Miu Miu… Las pasarelas de primavera/verano 2026 estuvieron inundadas por un potente rango de azules oscuros, entre los que destacaba el más famoso del espectro: el azul Klein.

El color azul Klein es un pigmento muy particular, con toda una historia detrás que refleja el viaje personal de su creador: Yves Klein. En sí, la fascinación por el azul empezó siglos antes de Klein. Durante eras, el azul fue uno de los pigmentos más raros y costosos del arte occidental. El azul ultramarino, obtenido a partir del lapislázuli, era tan costoso durante el Renacimiento que se reservaba para elementos sagrados en la pintura religiosa. En ciertos puntos de la historia moderna, el pigmento azul llegó a costar más que el oro.

Esa carga simbólica convirtió al azul en un color asociado con lo espiritual, lo infinito y lo divino. De hecho, hoy descubrirás que la experiencia personal de Klein no se desviaría demasiado de este camino.

The Colour of The Season: The Story of Klein Blue

El nombre detrás del pigmento: Yves Klein 

Yves Klein nació en 1928 en Niza, en el sur de Francia. Hijo de dos pintores, uno pensaría que su historia con el color vendría de su inmersión en el arte. Sin embargo, su relación con el azul surgiría de una experiencia mucho más elemental: de sus observaciones del cielo mediterráneo.

En numerosas ocasiones, pasaba horas contemplando la cúpula infinita y ultramarina. Para Klein, aquel cielo era una experiencia espiritual, como resume en su frase célebre: “El azul no tiene dimensiones, está más allá de las dimensiones”.

Cuando Klein comenzó a trabajar en la década de los cincuenta, su interés por el color pronto desembocó en un proyecto artístico radical. En 1955, presentó en París una serie de pinturas monocromáticas en distintos colores, una propuesta que marcaría la reducción radical de la variedad de pigmentos en su pintura. 

Sin embargo, el verdadero punto de inflexión llegaría en enero de 1957, con una exposición en la Galleria Apollinaire de Milán. Allí presentó once lienzos idénticos cubiertos de un intenso azul ultramarino, instalados ligeramente separados de la pared para que parecieran flotar.

“Cada uno de esos mundos azules, aunque estuviera pintado con el mismo azul y con la misma técnica, revelaba una esencia y una atmósfera completamente diferentes”. Yves Klein (“La aventura monocroma: la epopeya monocroma”, 1960) yvesklein.com

Aquella muestra marcó el inicio de lo que Klein llamaría su “época azul”. Los cuadros no representaban nada. Eran campos de color destinados a provocar una experiencia contemplativa. Para el artista, el azul no era una herramienta pictórica tanto como un lugar mental, un espacio espiritual:

“El espectador pasaba de una a otra y entraba instantáneamente en un estado de contemplación dentro de los mundos del azul”. Yves Klein (“La aventura monocroma: la epopeya monocroma”, 1960) yvesklein.com 

En definitiva, para Klein el azul no era un pigmento entre otros, sino un territorio conceptual desde el cual se podría explorar la idea del infinito. Todo surgido de sus meditaciones ante el cielo azul del Mediterráneo.

La nueva era azul 

La intensidad del azul que Klein buscaba no era fácil de conservar sobre un lienzo. El pigmento ultramarino, cuando se mezcla con los aglutinantes tradicionales de la pintura, pierde gran parte de su característica luminosidad. El resultado es un azul más apagado, menos vibrante. Para un artista obsesionado con la pureza del color, aquello suponía un problema.

Por ello, a finales de los años cincuenta, Klein comenzaba a experimentar con distintos métodos para preservar la intensidad del pigmento. En París conoció a Édouard Adam, un comerciante de colores del barrio de Montparnasse. En conjunto, trabajaron para desarrollar una solución: una resina sintética llamada Rhodopas M, producida por la empresa Rhône-Poulenc. Este nuevo aglutinante permitía fijar el pigmento sobre la superficie sin alterar un ápice de su brillo original.

El resultado era exactamente lo que el joven Klein quería: un azul profundo, mate e imposiblemente saturado. La superficie, con el tono que conocemos ahora, parecía absorber la luz, generando una sensación de profundidad hipnótica. Klein aplicaba el pigmento con rodillo para evitar cualquier trazo, reforzando así la idea de que el color debía existir por sí mismo, sin interferencias del artista. El artista era un mensajero en este caso, no un interventor.

El 19 de mayo de 1960 registró oficialmente el proceso en el Instituto Nacional de la Propiedad Industrial de Francia bajo el nombre de International Klein Blue (IKB). Sin embargo, no se trataba de la patente de un color, puesto que incluso en la actualidad es algo jurídicamente imposible. Firmas como Pantone cuentan con un registro de propiedad intelectual asociado a combinaciones y nomenclaturas, no a pigmentos en sí. Lo que hizo Yves Klein fue patentar la técnica que permitía conservar su intensidad.

A partir de entonces, el IKB se convirtió en el eje de gran parte de su obra. Klein lo utilizó en esculturas, esponjas, globos e incluso en performances. En sus célebres Anthropometries, por ejemplo, modelos cubiertos de pigmento azul presionaban sus cuerpos pintados sobre el lienzo, mientras el artista dirigía la acción como una coreografía. El color había dejado de ser una herramienta; de un medio artístico se convertía ahora en un fin.

Su lenguaje visual de Klein también influyó en el arte conceptual de posguerra. Sus imágenes monocromáticas proponían una idea alineada con las vanguardias: la pintura podía reducirse a una sola experiencia cromática. En lugar de representar el mundo como tal, el arte podía ofrecer un espacio de contemplación y experiencia en sí.

Con el tiempo, su estética se filtró fuera del ámbito artístico. El azul Klein empezó a aparecer en instancias de diseño gráfico, arquitectura, cine e incluso literatura contemporánea. Su intensidad lo convirtió en un color fácilmente reconocible, como un signo visual inmediato que remite a toda una trayectoria conceptual.

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