1. ¿Cuál consideras que fue tu primera obra?
No sabría decirlo. Empecé a manejar los hilos cuando era muy pequeña, imitando a mi madre, cogiendo sus labores de ganchillo y haciendo como que tejía. Para mí era un juego. Y en ello estoy desde entonces, haciendo y haciendo. Una cosa me lleva a otra y a otra y así sucesivamente, en una secuencia que no tiene ni principio ni fin.
2. ¿Qué papel juega el silencio en tu proceso creativo, más allá del acto físico de bordar?
Creo que lo primero que nos viene a la cabeza con la palabra silencio es la ausencia de ruidos externos. Para mí el verdadero silencio es la ausencia de ruidos internos, de pensamientos. Es un espacio que está muy dentro de mí, muy atrás. Está abierto, vacío. Permite que surjan nuevas ideas, es tremendamente inspirador.
3. Dices que repites un mismo patrón hasta encontrar el camino adecuado. ¿Qué sensación te indica que has encontrado ese camino?
Curiosamente es una sensación física, lo que siento es una relajación, un bienestar en el cuerpo. Se produce después de la tensión de haber estado buscando. También siento como si vibrara en sintonía con algo que no podría definir. De pronto, el trabajo fluye.
4. ¿Es el tiempo un material importante de tu obra?
Es lo primero que llama la atención de mi trabajo, la paciencia, la minuciosidad. Desde luego es un componente más. Además de telas y de hilos, mis bordados están hechos de tiempo, pero cada obra necesita el tiempo que necesita. Las grandes requieren meses de trabajo, las más pequeñas, horas, días. Lo importante es el resultado.
5. ¿Dirías que tu trayectoria en filología árabe influye en tu proceso creativo?
Lo que más me fascinó del árabe fue la escritura. Es muy musical, tiene mucho ritmo. Me hizo consciente de la belleza de los signos cuando están desprovistos de significado. Supuso para mí la irrupción de dos elementos que desde entonces han estado muy presentes en mi trabajo, las letras y los textos. Más tarde supe que texto y textil han tenido siempre una estrecha relación. Como dijo Eduardo Galeano:
“Quien escribe, teje. Texto viene del latín textum, que significa tejido. Con hilos de palabras vamos diciendo, con hilos de tiempo vamos viviendo. Los textos son, como nosotros, tejidos que andan”