El 6 de julio de 2025, bajo un cielo plomizo sobre Rue Vivienne, Michael Rider presentaba su primer desfile para Celine. La escena era íntima, como una pequeña ceremonia llena de anticipación. El patio del edificio histórico, que alberga el estudio y el atelier de la maison, se cubrió con un gran pañuelo de seda suspendido entre los muros que auguraba los nuevos códigos para la casa. Las sillas se dispusieron siguiendo la forma del Triomphe, como si el propio emblema de la casa contuviera la bienvenida a una nueva era. En el front row, los invitados hablaban del peso cultural del momento: V de BTS en bicicleta Celine, Kristen Wiig, Naomi Watts y su hija Kai Schreiber, Alanis Morissette, Jonathan Anderson, Raf Simons, Law Roach y Anna Wintour. El rumor de la lluvia fue casi un invitado más que no interrumpía la expectación.
La llegada de Rider a Celine se produce tras el ciclo de Hedi Slimane (2018–2024). Bajo Slimane, la maison eliminó el acento de “Céline”, cambió el logo, inició su gama menswear y expandió el universo de productos con fragancias (2019) y maquillaje. En términos de negocio, las estimaciones públicas sitúan a Celine en torno a 2.600 millones de euros en 2023, frente a cifras cercanas a 1.000 millones en 2018, convirtiéndola en una de las firmas principales del grupo LVMH por ingresos. Ese contexto fijaba el listón para la nueva etapa.
Esta primera colección, unificando mujer y hombre, proponía un punto de partida común, sin distinción de género. Rider no quiso borrar nada: ni la intelectualidad de Phoebe Philo, ni la precisión burguesa de Hedi Slimane. Prefirió construir sobre ese sedimento buscando una noción de continuidad. Lo dijo él mismo: “Había una base sólida sobre la que edificar. No quería que hubiera sensación de borrado.”
En pasarela, las primeras siluetas dibujaban sonrisas, similares a las de los bolsos. Blazers camel que se torcían deliberadamente sobre camisas denim y pantalones ajustados. Leggings, jegging blancos y pantalones ecuestres retomaban el gusto por las líneas skinny, mientras pliegues amplios y las chaquetas cocoon aportaban ligereza y amplitud de movimiento. Toda la colección emanaba un cliente Celine activo, vital, con ganas de moverse por el mundo. Abrigos largos con hombros acolchados, parkas drapeadas y cazadoras moteras de piel al puro estilo parisino unificaban el puente entre París y Nueva York. Por otro lado, el deje preppy de Rider se filtraba con humor y elegancia: camisetas rugby convertidas en vestidos, blazers rojos y azules, camisas de tartán y mocasines Celine de piel extra-blanda. En la noche, un little black dress y un vestido blanco fueron símbolos de la nueva dualidad.
La marroquinería ocupaba el centro emocional del debut. El icónico Celine Luggage de Philo reapareció transformado en el New Celine Luggage Smile Variation, con una cremallera curva que dibuja una sonrisa. Nuevas proporciones y materiales y tonos de ultra blue y cítricos anticipan su inminente lanzamiento comercial global.
Rider ha traído a Celine algo que no es ruptura, sino más bien transición: una versión más humana de la elegancia de Celine.