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UN NUEVO CAPÍTULO PARA CELINE

En plena redefinición creativa en la moda, Celine abre un capítulo que destaca por su continuidad bajo Michael Rider. La maison inicia así una etapa guiada por una figura que entiende su historia desde dentro. Tras el impacto de Hedi Slimane, Rider devuelve a Celine una voz más pausada y humana, donde el estilo vuelve a ser una conversación entre quien viste y el mundo en que habita.

Hablamos del diseñador y de sus dos primeras colecciones (Primavera 2026 y Verano 2026), en las que el diseñador ha articulado un lenguaje propio para la casa con códigos conocidos y emocionales. En definitiva, la nueva etapa de Celine busca conciliación de sus eras y continuidad de su historia. Rider no viene a cambiar el rumbo, sino a devolverle sentido.

A NEW CHAPTER FOR CELINE

Quién es Michael Rider

Michael Rider (Washington, D. C.) es, desde enero de 2025, el director creativo de Celine. Su nombramiento se anunció en octubre de 2024 por LVMH y entró en vigor a principios de 2025. Asume la responsabilidad de todas las colecciones de la maison: mujer, hombre, artículos de cuero, accesorios y alta costura. La directora general, Séverine Merle, enmarcó su regreso como la elección natural por su conocimiento íntimo de la casa y su conexión con el legado Celine. El propio Rider definió la marca como una herencia “cercana a su corazón” sobre la que construir un nuevo capítulo.

Su relato biográfico teje capas muy significativas. Nacido en Washington D. C. y formado en la prestigiosa Brown, ejerció como profesor antes de ser diseñador. Un diseñador discreto, sin alardes ni redes, con un círculo cercano muy reducido. Alguien que confía en que la ropa lo cuente todo, sin mayor palabra. Por eso también encaja perfectamente en Celine. Porque la maison, desde su origen, se centraba en convertir complementos prácticos en moda de alta categoría. Rider recoge la línea temporal de la casa y la actualiza con confianza y serenidad, devolviendo a Celine una idea auténtica y necesaria: vestir bien como relación con el resto del mundo.

Su formación dibuja un triángulo magistral: Balenciaga con Nicolas Ghesquière (2004–2008), Céline con Philo (2008–2018) y Polo Ralph Lauren (2018–2024). Es decir, un camino del pragmatismo a la contemporaneidad y llegando al arquetipo americano por excelencia. Tres escuelas con una misma obsesión: ropa ponible elevada a categoría de deseo. De ahí su tono sobrio, su predilección por la magia del estilismo y su mirada paciente y detallista. Quien trabaja con él lo define en términos de integridad y calma. 

Rider mantiene un perfil bajo en prensa y redes. Quienes han trabajado con él subrayan un método centrado en la calidad, la durabilidad y el estilo entendido como actitud, con alergia al exceso de discurso y preferencia por la claridad del producto. 

Rider no viene para reconstruir de cero la maison, no es ni una necesidad ni su meta personal. Viene a sintetizar, a armonizar sinfónicamente las distintas eras de Celine con lo que más gustó de cada época. Lo ha dicho todo a su manera: foco en calidad y un concepto de “timelessness” como horizonte difícil. En su debut (6 de julio de 2025) materializó la conceptualidad de Philo, rastros de las señas de Slimane y recuerdos del sportswear de Michael Kors; Y, entre líneas, el estilismo preppy de su paso por Ralph. En accesorios, el bolso New Luggage con cremallera curva y una leve sonrisa sirvió como portal a una convergencia de eras.

El debut: Celine primavera 2026

El 6 de julio de 2025, bajo un cielo plomizo sobre Rue Vivienne, Michael Rider presentaba su primer desfile para Celine. La escena era íntima, como una pequeña ceremonia llena de anticipación. El patio del edificio histórico, que alberga el estudio y el atelier de la maison, se cubrió con un gran pañuelo de seda suspendido entre los muros que auguraba los nuevos códigos para la casa. Las sillas se dispusieron siguiendo la forma del Triomphe, como si el propio emblema de la casa contuviera la bienvenida a una nueva era. En el front row, los invitados hablaban del peso cultural del momento: V de BTS en bicicleta Celine, Kristen Wiig, Naomi Watts y su hija Kai Schreiber, Alanis Morissette, Jonathan Anderson, Raf Simons, Law Roach y Anna Wintour. El rumor de la lluvia fue casi un invitado más que no interrumpía la expectación.

La llegada de Rider a Celine se produce tras el ciclo de Hedi Slimane (2018–2024). Bajo Slimane, la maison eliminó el acento de “Céline”, cambió el logo, inició su gama menswear y expandió el universo de productos con fragancias (2019) y maquillaje. En términos de negocio, las estimaciones públicas sitúan a Celine en torno a 2.600 millones de euros en 2023, frente a cifras cercanas a 1.000 millones en 2018, convirtiéndola en una de las firmas principales del grupo LVMH por ingresos. Ese contexto fijaba el listón para la nueva etapa.

Esta primera colección, unificando mujer y hombre, proponía un punto de partida común, sin distinción de género. Rider no quiso borrar nada: ni la intelectualidad de Phoebe Philo, ni la precisión burguesa de Hedi Slimane. Prefirió construir sobre ese sedimento buscando una noción de continuidad. Lo dijo él mismo: “Había una base sólida sobre la que edificar. No quería que hubiera sensación de borrado.”

En pasarela, las primeras siluetas dibujaban sonrisas, similares a las de los bolsos. Blazers camel que se torcían deliberadamente sobre camisas denim y pantalones ajustados. Leggings, jegging blancos y pantalones ecuestres retomaban el gusto por las líneas skinny, mientras pliegues amplios y las chaquetas cocoon aportaban ligereza y amplitud de movimiento. Toda la colección emanaba un cliente Celine activo, vital, con ganas de moverse por el mundo. Abrigos largos con hombros acolchados, parkas drapeadas y cazadoras moteras de piel al puro estilo parisino unificaban el puente entre París y Nueva York. Por otro lado, el deje preppy de Rider se filtraba con humor y elegancia: camisetas rugby convertidas en vestidos, blazers rojos y azules, camisas de tartán y mocasines Celine de piel extra-blanda. En la noche, un little black dress y un vestido blanco fueron símbolos de la nueva dualidad. 

La marroquinería ocupaba el centro emocional del debut. El icónico Celine Luggage de Philo reapareció transformado en el New Celine Luggage Smile Variation, con una cremallera curva que dibuja una sonrisa. Nuevas proporciones y materiales y tonos de ultra blue y cítricos anticipan su inminente lanzamiento comercial global.

Rider ha traído a Celine algo que no es ruptura, sino más bien transición: una versión más humana de la elegancia de Celine.

La continuidad: Celine verano 2026

Para su segunda colección, Michael Rider nos llevó lejos de casa. Casa siendo el estudio original donde inauguraba su nueva etapa. A 45 minutos de París, en el Parc de Saint-Cloud, un escenario de praderas verdes y cielo diáfano reemplazaba los espacios cerrados de la fashion week en ciernes. Allí, bajo luz natural, se presentó Celine Verano 2026: un desfile que presentaba continuidad a su capítulo inicial.

Como si el desfile de julio nunca hubiera terminado”, explicaba Rider en sus notas. “Mujeres y hombres siguieron caminando, y las estaciones cambiando con ellos”. La idea se tradujo en una colección que retomó aires de Primavera 2026 y los llevó a su madurez. Los pañuelos de seda, que colgaban del techo en Rue Vivienne meses atrás, se convirtieron ahora en los protagonistas: anudados al cuello, transformados en tops de noche, en bolsos tote con asas de cuero, o incluso como simples lazos sujetos a un bolso de diario. 

Las primeras salidas, con babydoll dresses en florales sesenteros y un modelo negro cortísimo, marcaron la actitud del resto del desfile: un perfil seguro de sí mismo, sin miedo al color, a la exploración ni a mostrar su silueta. A partir de ahí, Rider desplegó todo un léxico entre estructurado y holgado, un juego similar a su entrega anterior entre el traje sastre y la libertad del sportswear. Él mismo se encargaba del estilismo, enfatizando un tipo de desorden muy calculado: blazers abrochados en diagonal, collares oversize de cuentas africanas y chaquetas y bolsos llevados en la mano o incluso cascos de moto como guiño a la mujer cosmopolita de Celine. Este último parece una respuesta a la bicicleta del desfile anterior, que ya se habría graduado a una moto en línea con la madurez del desfile.

El resultado fue una colección que combinó los distintos aires contradictorios de Celine de forma magistral: juventud, rebeldía y misterio con elegancia, opulencia y cosmopolitismo. Los códigos de Philo y Slimane persistieron en proporciones precisas, skinny jeans y estampados artísticos pero filtrados por una mirada más estadounidense. El preppy-bourgeois que Rider inició en julio se consolidaba como un nuevo idioma para Celine: un estilo refinado con energía más juvenil y actual.

Los colores primarios trazaron la evolución del desfile como hilo conductor: rojos, azules, amarillos iluminaban looks y accesorios, mientras pañuelos satinados se consagraban como pieza icónica de esta nueva era. En joyería, los collares multicolores y anillos acumulados reforzaron el espíritu lúdico. En conjunto, la colección capturaba una sensación de optimismo veraniego, anclado en la idea de la moda como expresión propia.

La historia de Celine

La historia de Celine es una sucesión de transformaciones que cambiaron el modo de presentar la elegancia. La firma fue fundada en 1945, cuando Céline Vipiana y su marido, Richard, abrieron una boutique de zapatos infantiles hechos a medida en el París de la posguerra. Aquel pequeño taller de la rue Maltére se convirtió pronto en un punto de referencia de confort y funcionalidad refinada. En los años sesenta, la marca amplió su universo al prêt-à-porter femenino, dándole una elegancia deportiva a la moda para mujer: trajes con falda, tejidos ultraligeros y accesorios extra prácticos.

En los setenta, Celine llegó a consolidar su expansión internacional y creó su emblema más reconocible: el Triomphe, dos C entrelazadas inspiradas en las cadenas del Arco del Triunfo. Este motivo, reeditado décadas después por Hedi Slimane, se convirtió en un icono inconfundible de Celine. Tras el fallecimiento de su fundadora, en 1996 el grupo LVMH adquiere la maison, integrándola en su constelación de casas de lujo.

A partir de entonces, la firma entra en su era contemporánea. Michael Kors (1997–2004) le aportó una sensualidad deportiva que devolvió visibilidad global a la marca. La llegada de Phoebe Philo en 2008 transformó Celine a través de su minimalismo inteligente y conceptual. Sus siluetas limpias, su ropa “para vivir” y su atención al detalle marcaron un antes y un después que convirtió a Celine en una firma de culto dentro y fuera de la industria. Bajo su dirección, la maison se convirtió en una religión estética para una nueva generación de clientes, llamados Philophiles.

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