“Quiero que la gente pueda moverse por el mundo en mi ropa”.
Y con esta declaración para British GQ, el debut de Louise Trotter en Bottega Veneta articula una tesis clara: el lujo ha de seguir siendo práctico a la vez que debe sorprender. El desfile respiró, fiel al alma de Trotter, puro movimiento y volumen con una nueva seguridad más discreta. El hilo musical diseñado por Steve McQueen, un tejido sonoro entre Nina Simone y David Bowie, reforzó el pulso de una colección Bottega Veneta que reúne herencia y no futuro, sino presente.
La primera salida marcó la cadencia y el ritmo del compás: un chaquetón de corte prístino en azul marino, con pequeños guiños de intrecciato en el cuello y cierres anudados que aludían directamente al histórico Bottega Veneta Knot. Siguieron sastrería revisada para verano, hombros perfilados casi ochenteros, y cinturas recogidas. Trotter trabaja hombre y mujer con la misma técnica, y se nota: la estructura respira contigo, la prenda te acompaña y lugar de sobreponerse a quien las porta.
La artesanía hiper-detallista vertebra la propuesta. Trotter vuelve al intrecciato original, con tiras mucho más finas que le otorgan un especial brillo, flexibilidad y ligereza al cuero. Hay piezas tejidas que rozan lo escultórico: capas construidas sobre 4000 horas infinitas, estolas y cuellos extraíbles en intrecciato, tiras festoneadas en cuero satinado que otorgan un brillo y textura reptilianos…
La fibra de vidrio reciclada recuperaba parte del espectáculo y el hedonismo que veíamos en eras recientes de la firma, convirtiendo a Trotter en la ventana perfecta entre generaciones. Las faldas lápiz, entre otras piezas, adquirían vida con flecos de fibra de vidrio en degradé. Una apuesta más por la experiencia táctil y visual de Bottega Veneta.
El relato de Trotter tuvo puntos emotivos. Laura Braggion, cofundadora y primera directora creativa de Bottega Veneta, aparecía como figura ejemplar en primera fila: una figura viajada, discreta, liberada, y que observa los frutos de su trabajo en los 80 y 90. Sentada junto a la misma Lauren Hutton, no faltó el guiño perfecto a su momento más icónico con la casa. Emulando su estilismo en la película American Gigolo, la salida 34 constaba de un look de trench beis y el bolso clutch Laurent 1980, llevado por la top italiana Mariacarla Boscono (otra leyenda del sector).