Fundada en 1952 en Monestier-de-Clermont (Mon-Cler), un pequeño pueblo alpino francés, Moncler nació exclusivamente como fabricante de ropa y material textil para la montaña (trajes, tiendas de campaña, cortavientos, etc.). Sus primeras piezas estaban orientadas a expediciones y deportes de invierno, distinguiéndose por su uso pionero del plumón como un aislante ultra-ligero y cálido. Su prestigio técnico llegaría pronto: en 1968, el equipo olímpico francés vistió sus prendas durante los Juegos de Invierno celebrados en Grenoble, consagrando la marca como referente en protección y rendimiento.
Pero Moncler no se quedaría como una visión exclusivamente montañista. Su transformación definitiva llegó en 2003, cuando Remo Ruffini adquirió la firma. Con su visión estratégica, Ruffini elevó el ADN utilitario hacia un terreno más lujoso, sin dejar nada de lado su constante innovación técnica. Con el tiempo, la marca comenzó a colaborar con diseñadores de renombre, como Giambattista Valli y Thom Browne creando las líneas Gamme Rouge (para mujer) y Gamme Bleu (para hombre), entretejiendo savoir-faire deportivo con la más alta moda.
En su historia reciente también surgen capítulos imposibles de olvidar, como aquellas colecciones de alta costura bajo la mano de Pierpaolo Piccioli. Estas voluminosas y coloridas creaciones, en el plumón clásico de la firma, marcaron un hito estético. Y hace poco, uno de los personajes más entrañables de la televisión (Carrie Bradshaw), lo lució en cámara. Siguiendo con su estrategia de posicionamiento global y cultural, la firma crea el proyecto Moncler Genius en 2018, creando un modelo de colaboración e invitando a voces creativas como Simone Rocha, Craig Green o Hiroshi Fujiwara a reinterpretar sus códigos.
Su línea Moncler Grenoble representa su gama más superlativamente técnica, orientada a una vida más extrema y a actividades deportivas de esquí y de montaña.