Miuccia Prada lleva décadas construyendo un sistema intelectual alrededor de su marca. Su colección otoño/invierno 2026, presentada junto a Raf Simons en la Fondazione Prada, es quizás la demostración más literal de esa visión tan compleja: un desfile de 60 looks construido con solo 15 modelos, cada una apareciendo cuatro veces en versiones progresivamente despojadas de su look anterior. Una idea simple que resulta en una absoluta genialidad de desfile.
El escenario, siempre ligeramente engañoso en el caso de Prada, era un edificio vaciado, con molduras ornamentales, ventanas coloniales y chimeneas de mármol aún adheridas a las paredes exteriores. Heredados del set construido para el desfile de hombre del mes anterior, aparecen muebles y pinturas de cinco siglos distintos. Desde el set a la colección todo transcurre en capas, de cultura e historia, que funcionan como extensión directa de lo que ocurre en la Pradasfera.
La primera vuelta de cada modelo mostraba el look en su versión más completa: abrigos largos y tubulares, impermeables con fragmentos que se desconchan para mostrar pata de gallo debajo, así como chaquetas tipo utility en algodón brillante con tiras de pelo en las solapas. Tras los primeros pases de las 15 modelos, en la segunda vuelta desaparecía el abrigo.
En la tercera, aparecía un vestido de los cincuenta con vuelo que nadie había visto hasta ese momento, oculto bajo capas anteriores. En la cuarta, una camiseta de punto y unos pantalones cortos con cintura de cordón. Bella Hadid, en su primera aparición en una pasarela Prada, hizo ese recorrido completo con las mismas medias bordadas de micro-flores y los mismos Prada kitten heels en color morado.
Los adornos en esta colección funcionan como una especie de geoda. Aparecen bordados de satén envejecido y telas deliberadamente borradas como si el sol las hubiera decolorado. Aparecen vestidos de archivo reaprovechados como si fueran recuerdos atrapados dentro de prendas más recientes. Simons lo explicó a WWD: “no existe jerarquía entre lo mínimo y lo opulento, entre lo prístino y lo deteriorado”.
Miuccia Prada habló de "la complejidad de las capas, que existe en el sentimiento, en la política, en la vida, y que se refleja en la ropa". La necesidad continua de cambiar, de adaptarse, de pasar de lo público a lo privado, del abrigo al vestido, del vestido a la camiseta.
Cada modelo en el desfile era cuatro mujeres distintas, o la misma mujer en cuatro momentos muy distintos de su día. El casting de solo 15 rostros, musas como Julia Nobis, Amanda Murphy y la propia Hadid, reforzaba su visión: no hay una mujer Prada, hay pluralidades. Y cada una de ellas, como decían las notas del desfile, contiene multitudes.