Miuccia Prada eligió el Palais d'Iéna de París para cerrar la semana de la moda con una idea muy concreta: construir un bosque dentro de un palacio. De manera literal, Miu Miu dispuso un suelo de tierra y hierba en el interior, paredes de brocado escarlata y la arquitectura monumental de Auguste Perret como telón de fondo. El espacio estaba diseñado para hacer sentir pequeño al cuerpo que lo habita. Ese contraste, entre la inmensidad del mundo y la escala del cuerpo humano, es el eje central de la colección otoño/invierno 2026 de Miu Miu.
Miuccia lo dispuso con claridad después del desfile: "Somos pequeños en el mundo, pero existimos. El cuerpo importa, la mente importa. Eso debería ser suficiente". La colección responde a esa convicción, propuesta desde el material. Para este otoño, Miuccia hizo eco de tejidos lavados que se adhieren a la piel con una suavidad casi íntima, fragmentos de popelina de algodón y cashmere doble lavado. Asimismo, lino, tul bordado y forros de shearling dotaban a la colección del aire etéreo clásico de Miu Miu. La ropa prioriza a quien la lleva, por encima de cualquier otro argumento.
Las siluetas oscilaban entre lo anecdóticamente reducido y lo oversize, con chaquetas de mangas recogidas y mitones enormes que acentuaban esa sensación de escala irreal. Los accesorios, en cambio, son todo lo contrario a la ropa: diademas de los dos mil con pedrería, plataformas en color naranja y purpurina y bolsos de pelo envueltos alrededor de la muñeca. Chloë Sevigny, Gillian Anderson y Gemma Ward, iconos de la moda por derecho propio, desfilaron sobre la hierba con ese aire de exuberancia que solo Miu Miu sabe sostener.