Ir al contenido

OTTODISANPIETRO

Consigue nuestra app ✨

Descargar

Cesta

La cesta está vacía

Selecciona el tipo de envoltorio
Liquid error (sections/cart-drawer line 192): product form must be given a product

El poder del arte, con Anna Franke

Con motivo de la presencia de su obra Friction en nuestros espacios, conversamos con la artista Anna Franke sobre los viajes que han marcado su trayectoria, la influencia del Atlántico en su imaginario y la evolución de su lenguaje artístico.

The Power Of Art, With Anna Franke

Tras abandonar Alemania y recorrer Andalucía y Marruecos en autocaravana, terminas instalándote en Galicia. ¿Dirías que ese viaje influyó en tu manera de entender la creación artística?

Sí, sin duda. He pasado todo el tiempo al aire libre, en la naturaleza, en situaciones extremas: el desierto, los paisajes áridos, las costas escarpadas. Alejarme de la vida urbana y conocer las culturas y los paisajes del sur de Europa y el norte de África ha ampliado mi perspectiva. Llevo muchos años observando texturas y reflejos y los plasmo en vídeos y fotografías, lo que a su vez se refleja en mi práctica artística, que ha evolucionado desde la ilustración y el collage, pasando por la pintura en formatos cerrados, hasta llegar a la escultura.

La costa gallega aparece de forma recurrente en tu trabajo. ¿Qué encuentras en el Atlántico que no has encontrado en otros paisajes?

En Galicia descubrí esa energía agreste y mística que, desde entonces, me ha inspirado e influido profundamente. La inmensa fuerza de los elementos se percibe aquí de forma extremadamente directa. Para mí, la Costa da Morte es uno de los paisajes más fascinantes, sobre todo cuando el cielo se tiñe de negro, el sol se asoma entre las nubes, el juego de colores, la espuma. Esta variabilidad y el fuerte movimiento del mar, la atmósfera mística, las formas de las rocas, han marcado profundamente la estética de mi obra.

Tu práctica parte del collage, pasa por la ilustración y atraviesa la crítica social, hasta llegar a una relación mucho más física con el paisaje y los materiales. ¿Qué provocó ese cambio de dirección?

La pérdida de mi madre y mis viajes han hecho que mi práctica se haya ido orientando cada vez más hacia el contacto directo con los elementos. Esa pérdida me marcó profundamente y me llevó a reflexionar sobre la materia y la espiritualidad, así como sobre los rituales en contacto con el agua. 

La moda se construye alrededor de domar el tejido. Sin embargo, muchas de tus obras nacen de exponer tejidos a la erosión de los elementos. ¿Qué te han enseñado los materiales cuando los dejas de controlar?

Lo realmente interesante es el proceso. Es precisamente ahí donde suceden cosas que nunca había previsto; esos son los mejores momentos, es el acercamiento experimental a un terreno desconocido. Me dejo guiar por el comportamiento de los materiales y observo las relaciones que establecen entre sí. Son una fuente de inspiración muy fértil; a través de su propia esencia descubro nuevas posibilidades. Es fascinante la interrelación entre materiales naturales e industriales, como la tierra, el agua, pero también los restos de zonas postindustriales. Creo que, al inicio de los procesos creativos, en todas las disciplinas de la industria creativa ocurre algo similar en lo que respecta a la generación de ideas y los primeros pasos, antes de que comience la fase de control; lo mismo ocurre en la moda. Ese es el momento de la creación en el que me concentro para dejarme guiar por elementos no humanos.

Has hablado del tiempo como un colaborador importante de la obra. ¿Cambia tu relación con una pieza cuando aceptas que parte del proceso no te pertenece?

¡Por supuesto! Influye en mi relación con la obra y conmigo misma. Me muestra que, como artista y como persona, ya no soy el centro de todo. Me enseña a estar presente en el momento. Y eso es lo que se conoce como «flow», la conexión auténtica. Como en un viaje de aventura, en el que aún no sabes lo que te espera a continuación.

En proyectos como MERGULLO o MUDAR, el cuerpo se vuelve un participante activo de la escultura. ¿Cuándo sentiste el impulso de entrar físicamente en la obra?

Al interactuar con la naturaleza mi trabajo se ha vuelto muy físico, y documentar el proceso me ha llevado a verme a mí misma y a mi cuerpo como parte de la obra de arte en movimiento. Como testigo y como participante al mismo tiempo.

En Friction, la instalación presente en OTTODISANPIETRO, las formas se tensan y se comunican entre sí. ¿Qué es para ti la idea de “fricción”?

La obra «FRICTION» surgió en el árido paisaje volcánico de Cabo de Gata, donde trabajé durante varios meses de otoño e invierno. Se trata de una relación que oscila entre la fricción, la gravedad y diversos estados. Me interesan los contrastes entre el movimiento y la quietud, entre lo sólido y lo líquido, entre el día y la noche, entre el ser humano y el entorno. Cuerpos, espacios y materiales permanecen en constante intercambio: un campo de proximidad, resistencia y transformación. Los tejidos permanecieron varias semanas en el paisaje, expuestos al viento, la lluvia y el sol. Debido a su tamaño, el trabajo resultó extremadamente físico y desafiante. Estuve allí mucho tiempo, sola, con estas formas que poco a poco se convirtieron en seres o cuerpos propios y pasaron a formar parte del paisaje, cuya energía absorbieron.

Cuando alguien atraviesa el espacio de OTTODISANPIETRO y se encuentra con Friction por primera vez, ¿qué te gustaría que sintiera antes incluso de intentar comprender la obra? 

Mi deseo es que se pueda percibir la fuerza expresiva y la energía de esos procesos milenarios que han tenido lugar en estos paisajes. Que el espectador se sienta conmovido de una manera sublime.

Join the conversation in our socials