El mundo creado por Demna Gvasalia (1981) en su trayectoria está más marcado por la observación (y, por supuesto, la crítica) social que por lo aspiracional. Demna no forja su moda desde el concepto de aspiración, sino desde una observación marcada por su experiencia personal en Georgia. Su biografía, trazada por el desplazamiento forzado, la migración y la experiencia de ser un cuerpo disidente, funciona como pilar para entender su trabajo creativo.
Nacido en Georgia y obligado a huir de su ciudad natal durante la guerra de Abjasia, Demna crece entendiendo la ropa como una herramienta de supervivencia: protección, pertenencia y afirmación de roles sociales. Esa lectura tan precoz y simmeliana, explica su interés por lo que él mismo ha definido como “uniformes sociológicos”: prendas que dictan jerarquías, comunican autoridad o delimitan grupos.
Antes de estudiar moda, se forma en economía. Esto último no es puramente anecdótico. En su trabajo, se entrelazan la intuición y creatividad material con la conciencia estructural: cómo se produce, cómo se vende, cómo se genera deseo. En la Royal Academy of Fine Arts de Amberes aprende a trabajar directamente sobre el tejido, el volumen y la proporción. Allí asomaban ya las constantes que delinearon toda su trayectoria: patrones y diseños instintivos, siluetas descontextualizadas y una relación fluida entre la deconstrucción y la funcionalidad.
Tras pasar por Martin Margiela y Louis Vuitton, Demna funda Vetements junto a su hermano Guram y un colectivo de amigos. El proyecto nace como una crítica social explícita y una celebración de aquellos excluidos del sector en el pasado. Sus desfiles y eventos en clubes, ropa reutilizada, patrones subvertidos y castings no normativos lo cimentaron como una voz de la divergencia en la industria. Su discurso era personal, directo y despojado de romanticismo: rechazaba la fricción del sistema de la moda tal como estaba configurado. Vetements introduce una estética postsoviética, brutalista, Bauhaus y deliberadamente incómoda, que reconfigura el lenguaje del lujo contemporáneo y traza todavía sus influencias actuales.
Su paso por Balenciaga marcó a toda una generación, creando una nueva estética streetwear y disidente inconfundible. Aquí, su vocabulario personal se amplificaba. Demna exploró la herencia de Cristóbal Balenciaga de formas inesperadas, sometiéndola a una cierta tensión. Su Balenciaga era reconocible por la sastrería excesiva, sneakers gigantescas y piezas cotidianas llevadas a sus máximos límites técnicos y conceptuales. Su década al frente de la maison le devolvió un aire deliberadamente provocativo que no se veía desde la era de McQueen.
Su nombramiento en Gucci es algo estratégico por parte de la casa florentina. Demna es un editor cultural de alto nivel, trabajando desde el cuestionamiento social y escuchando a la juventud.